Terapia en tiempos de confinamiento

El confinamiento ha alterado el desarrollo de la inmensa mayoría de las actividades cotidianas: el colegio, el trabajo, el ocio … y a la inmensa mayoría de los niños y jóvenes que asisten habitualmente a terapia para ayudarles en su desarrollo, también ha supuesto un parón en sus tratamientos.

Sin embargo a los niños y jóvenes que hacen terapia según el método INPA en sus casas, el confinamiento no ha interferido con su programa de tratamiento, y por tanto tampoco en su desarrollo, incluso al contrario, los hay que en lugar de hacer el programa tres o cuatro días por semana han podido hacerlo cinco o incluso seis días a la semana.

Evidentemente esta situación anómala y terrible no es en absoluto deseable, pero no podemos negar que para la mayoría de los casos que atendemos y a los que ahora estamos volviendo a ver en consulta, lejos de haber interferido en su desarrollo, ha sido un periodo fructífero.

Desgraciadamente ha habido casos en los que su conducta se ha visto significativamente alterada y ha interferido con el resto de las áreas del desarrollo, pero afortunadamente esta situación se ha dado en un reducido número de casos.

El confinamiento obligatorio nos ha confirmado que la línea de trabajo de INPA, es decir, capacitar a los padres para desarrollar el programa de tratamiento en sus casas, no solo es posible, como llevamos haciendo desde hace ya más de 18 años, sino que demuestra ser enormemente eficaz.

Una constante que aparece en nuestras citas es que, en contra de lo que todos pensábamos al comienzo del confinamiento, no nos ha sobrado el tiempo. Entre las tareas domésticas (limpiar, cocinar, ordenar, etc.), las tareas escolares, que hay que multiplicar por el número de niños en la familia y el teletrabajo hemos tenido el día muy ocupado, pero es cierto que todas esas actividades las hemos podido realizar con menor presión temporal que en condiciones normales, lo que ha ayudado a los chicos a poder hacerlo todo con más calma, con más dedicación y demostrando realmente de lo que son capaces.

En estas circunstancias la terapia se ha podido realizar sin prisas, sin agobios y las familias han podido ajustar el horario a su conveniencia – en lugar de tener que hacerlo cuando llegan del colegio, con poca energía y aún menos ganas; esto ha facilitado enormemente la constancia y la regularidad y se ha notado de manera significativa en el desarrollo de los niños.

Han sido varias las familias que nos habéis comentado que os encantaría poder seguir este ritmo a partir del curso que viene, o incluso que vais a plantear al colegio reducir las horas de escolarización para poder mantener vuestra atención en la terapia. Es difícil que los colegios entiendan esta postura, pero a la vista de los resultados es comprensible.

Además hay muchos padres que nos habéis reconocido que habéis “descubierto” a vuestro hijo. Al tener más tiempo, al haber hecho la terapia de manera constante y haberle ayudado tan de cerca en sus tareas escolares, habéis podido comprobar cómo funciona realmente, cuáles son sus puntos fuertes y cuales son sus puntos débiles y, en general aseguráis haberos llevado una grata sorpresa.

Poder implicarse personalmente en el programa de tratamiento de tu propio hijo tiene muchas ventajas, pero nunca pensamos que una situación tan anómala como la que hemos sufrido fuera a confirmar todas ellas. Esperamos que la vuelta a las tareas y horarios habituales no interfiera con todos los logros que hemos obtenido.

Nacho Calderón Castro

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